El racismo tiene sus raíces en fortalezas demoníacas que no son fáciles de atar. Son principalmente espirituales. Estas creencias se han ido enhebrando subliminalmente en el tejido de nuestra sociedad y de nuestras personas a lo largo de los siglos. Suponer que el racismo puede erradicarse de nuestra sociedad mediante meros ascensos políticos, legislación o modestas mejoras del gran experimento americano, es suponer demasiado sobre el poder que ostenta el reino visible.

El racismo tiene sus raíces en fortalezas demoníacas que no son fáciles de atar. Son principalmente espirituales. Estas creencias se han ido enhebrando subliminalmente en el tejido de nuestra sociedad y de nuestras personas a lo largo de los siglos. Suponer que el racismo puede erradicarse de nuestra sociedad mediante meros ascensos políticos, legislación o modestas mejoras del gran experimento americano, es suponer demasiado sobre el poder que ostenta el reino visible.

Los cristianos de nuestra nación buscan librar una guerra celestial contra el racismo y la injusticia. Por ello, estoy agradecido. Tener una disciplina de oración y ayuno contra estas fortalezas en nuestra nación es un buen primer paso. También es prudente admitir que es difícil estar presente en esta batalla cuando no siempre se ve con nuestros ojos, dependiendo de nuestro contexto. Por tanto, creo que es seguro decir que necesitaremos prácticas habituales en nuestras iglesias, familias y vidas individuales para mantenernos continuamente comprometidos en la batalla. No de forma legalista, sino de forma centrada e intencionada.

El racismo -y con él la esclavitud- es el pecado original de nuestra nación.

Reserva un tiempo con tus iglesias, tu familia o tú mismo en cada mes para rezar y ayunar contra la fortaleza del racismo. Esposos y esposas, puede que vuestra familia necesite encontrar la manera de iniciar la conversación antes de crear el ritmo. Mientras tanto, podéis empezar a establecer el ritmo en privado y pedir la sabiduría de Dios para vuestra familia hasta que podáis cultivar cuidadosamente la comprensión y preparar a vuestra familia para ir en esa dirección.

Por último, te animo a que anotes cosas concretas por las que rezar y ayunar relacionadas con el racismo y la injusticia en Estados Unidos. Puede parecer extraño reservar un momento del mes para rezar y ayunar contra estas cuestiones, pero hacerlo pidiendo a Dios que se ocupe de injusticias concretas proporcionará más motivación. El racismo -y con él la esclavitud- es el pecado original de nuestra nación. Está respaldado por fuerzas demoníacas y no se puede superar fácilmente. Desarrollar una práctica regimentada de oración y ayuno contra estas fortalezas es el mejor primer paso para librar una guerra contra ellas. Así pues, prepárate (1 Pedro 1:13). Es hora de ir a la guerra (2 Corintios 10:4).

NOTA DEL EDITOR Este contenido apareció originalmente como parte de un inserto para boletines gratuito y descargable producido por la Comisión de Ética y Libertad Religiosa para que lo utilice tu iglesia el Domingo de la Reconciliación Racial, que es el 27 de febrero.

por Comisión de Ética y Libertad Religiosa