Nos cuesta algo cuando nos preocupamos y nos mueve la compasión. Hay un precio emocional que se paga cuando cuidamos y caminamos con los demás a través de una crisis o una pérdida. Como pastores, llevamos varias semanas caminando con todo el cuerpo de la iglesia a través de una crisis provocada por el coronavirus. Aunque estamos motivados por el amor y la compasión que hemos experimentado de Jesús para caminar con nuestras iglesias y comunidades a través de esta pandemia, ministrar a los demás tiene un coste.

Nos cuesta algo cuando nos preocupamos y nos mueve la compasión. Hay un precio emocional que se paga cuando cuidamos y acompañamos a otros en una crisis o pérdida.

Como pastores, llevamos varias semanas caminando con todo el cuerpo de la iglesia a través de una crisis provocada por el coronavirus. Aunque estamos motivados por el amor y la compasión que hemos experimentado de Jesús para caminar con nuestras iglesias y comunidades a través de esta pandemia, ministrar a los demás tiene un coste.

La fatiga por compasión es un problema real para pastores, enfermeras y cuidadores. Miriam-Webster define la fatiga por compasión como «el agotamiento físico y mental y el retraimiento emocional que experimentan quienes cuidan de personas enfermas o traumatizadas durante un largo periodo de tiempo». Algunos de los síntomas son: agotamiento emocional, pérdida de interés por tu trabajo o ministerio, dificultad para dormir y aumento de la irritabilidad.

La fatiga por compasión es una realidad para los pastores en circunstancias normales. Sin embargo, durante esta pandemia, hay varios factores que agravan el problema.

  1. La fatiga por compasión se ve agravada por el uso de pantallas.
    Estar sentado frente a una pantalla la mayor parte del día presenta un tipo de fatiga al que no estamos acostumbrados en nuestro ministerio y pastoreo diarios. Sin embargo, en nuestro entorno actual, grandes cantidades de tiempo frente a la pantalla se han convertido en una necesidad debido a las llamadas y reuniones virtuales. Intenta que estas reuniones y sesiones sean lo más breves posible. Además, tómate un descanso y camina antes de empezar otra llamada.
  2. La fatiga por compasión se ve agravada por un ministerio sedentario.
    Estar sentado frente a una pantalla todo el día suena tranquilo y relajante, pero en realidad no lo es. El movimiento limitado y un entorno inmutable pasan factura a nuestras mentes y cuerpos. Considera la posibilidad de llevarte el teléfono o el portátil a otro lugar para trabajar. Asimismo, celebra algunas de tus reuniones menos formales en el porche. Es importante moverse todo lo posible.
  3. La fatiga por compasión se ve agravada por el cambio de expectativas.
    Al principio, mucha gente pensó que la crisis del COVID-19 podría ser un sprint corto. Se ha convertido en un maratón sin un final claro a la vista. La gente suele estar abierta al cambio siempre que haya alguna certeza de cuándo volverán las cosas a la «normalidad». El aspecto del ministerio en COVID-19 ha cambiado, y esos cambios continuarán. A medida que pase el tiempo, habrá muchas expectativas diferentes sobre cómo será la «nueva normalidad». Estos cambios supondrán un mayor estrés para los pastores. A medida que se produzcan estos cambios, prepárate. Asegúrate de priorizar y aumentar tu tiempo a solas con el Padre.

La fatiga por compasión es real, y es un arma que el enemigo utiliza para desanimar, distraer y desenganchar a pastores y líderes. Si crees que puedes estar sufriendo fatiga por compasión, sé sincero contigo mismo, busca los síntomas y busca ayuda.

NOTA DEL EDITOR Brian Davis, de la División de Salud de la Fe de Wake Forest Baptist Health, ha contribuido a este artículo.