Los cristianos creemos que el Evangelio -la Buena Nueva de Jesús- cambia todos los aspectos de nuestras vidas. Esto incluye la forma en que nos comunicamos con los demás.

Los cristianos creemos que el Evangelio de Jesucristo debe ser el punto de partida de todo lo que la Iglesia hace, dice y cree. El Evangelio lo transforma todo; una persona que ha sido salvada por Jesucristo no permanece inmutable. Todos los aspectos de la vida de una persona se ponen al pie de la cruz.

Los seguidores de Jesús son destinatarios de una noticia inimaginablemente buena: «que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8). Al recibir esta buena noticia, dejamos que se hunda en el núcleo mismo de nuestra identidad. Al asimilar este Evangelio, surgen dos verdades: En primer lugar, reconocemos que somos profundamente pecadores y que necesitamos más misericordia de la que jamás creímos posible. En segundo lugar, descubrimos que Dios nos muestra más amor y nos da más gracia de lo que jamás hubiéramos imaginado.

La marca de un cristiano es que ha sido rescatado del pecado por la gracia de Dios: ésa es la esencia del Evangelio. Pero, como cristianos, reconocemos que el Evangelio no nos deja tal como somos. Hemos sido incorporados a una nueva familia; tenemos una nueva lealtad. La gracia de Dios nos obliga a una vida nueva y transformada mientras intentamos vivir como miembros de la familia de Dios.

El Evangelio, por tanto, tiene implicaciones para toda la vida, incluso en la forma en que nos comunicamos con los demás. Considera estos tres puntos sobre cómo el Evangelio da forma a nuestras propias prácticas de comunicación.

1. Gracias al Evangelio, nos comunicamos con claridad.

Si los creyentes somos aquellos a los que Cristo nos ha dado un corazón nuevo, entonces deberíamos tener el deseo de abrazar la excelencia en todos los ámbitos de nuestra vida, no como medio de salvación, sino por un corazón de amor y gratitud hacia Aquel que nos salvó. Así pues, nos esforzamos por comunicarnos con claridad en todos los ámbitos de la vida.

Las personas que procuran comunicarse claramente con los demás son las que procuran amar a su prójimo como a sí mismas. Ya sea comunicando el Evangelio a un vecino, instrucciones a un compañero de trabajo o una historia a un amigo, la comunicación clara implica honor, respeto y amor a las personas que tenemos delante.

Los cristianos debemos esforzarnos por ser los mejores comunicadores. Pero también reconocemos que todos los aspectos de nuestra vida están marcados por la gracia, incluso cuando no nos comunicamos con claridad. Esta verdad nos obliga a suponer lo mejor de los demás mientras nos esforzamos por ganar claridad mutua, teniendo siempre presente la gracia de Dios.

2. A causa del Evangelio, nos comunicamos con sinceridad.

Los cristianos que han recibido el Evangelio siempre procuran comunicarse con sinceridad, sin intentar mentir ni engañar a los demás. El apóstol Pablo lo expresa de esta manera «No os mintáis los unos a los otros, ya que os habéis despojado del viejo yo con sus prácticas y os habéis revestido del nuevo yo. Os estáis renovando en el conocimiento según la imagen de vuestro Creador» (Colosenses 3:9-10).

Las palabras marcadas por el engaño y la hipocresía son prácticas de comunicación del «viejo yo». Pablo nos dice que así solíamos hablarnos unos a otros. Pero hemos cambiado: ahora formamos parte de una nueva familia. Dios está transformando nuestro nuevo yo para que se parezca cada vez más a Él.

Los cristianos, pues, son el tipo de personas que se comunican con sinceridad. Un periodista cristiano informa de los acontecimientos con honradez y exactitud. Un empresario cristiano se comunica con amabilidad y franqueza. Un padre cristiano habla a sus hijos con sabiduría y sin torcer la verdad. Todos nosotros nos esforzamos por «decir la verdad con amor» porque nuestros corazones han sido moldeados por la buena nueva de la salvación (Efesios 4:15).

3. Gracias al Evangelio, nos comunicamos con gratitud.

¿En qué se diferencia la comunicación cristiana de la comunicación del mundo? Pablo nos dice que los cristianos deben hablarse unos a otros de esta manera «dando siempre gracias por todo a Dios Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo» (Ef 5,21).

Una comunidad moldeada por el Evangelio se habla unos a otros por agradecimiento a Dios. Por eso deberíamos ser rápidos a la hora de compartir testimonios unos con otros: cuando reconocemos que Dios ha hecho tanto por nosotros, nos sentimos obligados a contar a los demás la buena obra que ha realizado.

Los comunicadores cristianos son personas que hablan, escriben y se expresan de forma clara, sincera y alegre. Cuando el Evangelio entra en nuestras vidas, no seguimos siendo los mismos. Incluso nuestra forma de comunicarnos se transforma por la gracia de Dios.

NOTA DEL EDITOR – Los bautistas de Carolina del Norte deseamos comunicarnos con claridad, sinceridad y gratitud por la buena obra de Dios en nuestras vidas. ¿Cómo lo estamos haciendo? Háznoslo saber rellenando esta encuesta aquí .