Hace poco, pasé una semana en Europa con una familia misionera de nuestra iglesia. Durante más de 10 años, nos hemos asociado con esta familia y la hemos apoyado en su labor en un campo misionero muy difícil. Mientras estaba allí, asistí a una iglesia recién formada que, por la gracia de Dios, habían plantado. Mientras escuchaba a esta joven iglesia adorar a Dios en una lengua distinta a la mía, me invadió una sensación de alegría. Allí, ante mis ojos, estaba el fruto de la incansable labor de una familia enviada por nuestra iglesia.
Hace poco, pasé una semana en Europa con una familia misionera de nuestra iglesia. Durante más de 10 años, nos hemos asociado con esta familia y la hemos apoyado en su labor en un campo misionero muy difícil. Mientras estaba allí, asistí a una iglesia recién formada que, por la gracia de Dios, habían plantado. Mientras escuchaba a esta joven iglesia adorar a Dios en una lengua distinta a la mía, me invadió una sensación de alegría. Allí, ante mis ojos, estaba el fruto de la incansable labor de una familia enviada por nuestra iglesia.
Dios utiliza las asociaciones entre misioneros e iglesias para expandir Su reino. El apóstol Pablo hablaba con cariño de su asociación con las iglesias (Romanos 15:22-33, Filipenses 1:3-5). Hoy en día, muchas juntas misioneras exigen a sus misioneros que formen asociaciones. Cuando se trata de la labor misionera, juntos estamos mejor.
Visión común
Antes de iniciar una asociación misionera, es importante decidir si ambas partes tienen los mismos objetivos, así como estrategias compatibles para alcanzarlos. Aunque pueda parecer que una iglesia y un misionero (o una agencia misionera) tienen la misma visión, no siempre es así. Para que las asociaciones misioneras prosperen, el difícil trabajo de definir objetivos y estrategias comunes debe realizarse en las fases iniciales de la asociación, y revisarse periódicamente.
Expectativas claras
Definir las expectativas de cada parte en una asociación para una misión es esencial para el éxito de la asociación. Hacer preguntas concretas sobre el marco temporal de la asociación, las expectativas monetarias y el compromiso general de recursos que ambas partes pretenden dedicar a la asociación es crucial para el éxito. La honestidad y la transparencia contribuyen al éxito de la asociación misionera.
Oración constante
El ministerio del apóstol Pablo demuestra la necesidad de la oración en las asociaciones misioneras. Pablo no sólo pide a las iglesias locales que recen por él mientras intenta hacer avanzar el reino de Dios, sino que también les dice con frecuencia que reza por ellos y por su ministerio . Puede ser increíblemente alentador saber que hay hermanos y hermanas (a veces al otro lado del mundo) que rezan por ti y por tu ministerio.
La tarea de hacer discípulos de todas las naciones es desalentadora. Afortunadamente, Dios no nos dejó solos, ni dejó esta tarea en manos de unos pocos elegidos.
Colaboración
Las asociaciones son calles de doble sentido. Sin embargo, en las asociaciones misioneras, el apoyo suele ir en una sola dirección. La mayoría de los misioneros quieren apoyar el ministerio de sus iglesias asociadas, pero no saben cómo pueden ayudar. La verdad es que las iglesias estadounidenses tienen mucho que aprender de sus socios misioneros. Los misioneros tienen mucho que ofrecer en cuanto a formación de los miembros y el personal de las iglesias: compartir sus experiencias puede ser muy valioso para el público estadounidense. En una asociación misionera sana, tanto la iglesia como el misionero se consideran parte del ministerio del otro.
Comunicación
La comunicación es clave para el éxito de cualquier asociación. Debido a las diferentes zonas horarias, los distintos horarios y el ajetreo de la vida, la propia naturaleza de las asociaciones misioneras puede dificultar una comunicación coherente. Sin embargo, para que una asociación misionera prospere, la comunicación debe ser una prioridad para ambas partes. Los misioneros necesitan saber que no están solos. Las iglesias necesitan que se les recuerden regularmente las peticiones de oración, las necesidades y las formas en que pueden apoyar al misionero.
Atención y apoyo
Como seguidores de Cristo, estamos llamados a animarnos los unos a los otros, a alegrarnos y lamentarnos mutuamente, a estimularnos unos a otros en el amor y las buenas obras, y a sobrellevar las cargas de los demás. La geografía y la distancia no invalidan estos mandamientos. Llevar a cabo estos mandamientos con nuestros compañeros de misión demuestra que estamos juntos en esto.
Caridad
Una de las formas en que los cristianos dan a conocer su lealtad a Jesús es mostrando su amor mutuo. Por tanto, es lógico que quienes participan en asociaciones para llevar la Buena Nueva a las naciones se esfuercen por sobresalir en el amor mutuo. Los misioneros, los pastores y los miembros de las iglesias tienen todos el potencial de decepcionarse y discrepar entre sí. Sin embargo, el amor requiere extender la gracia, el perdón y la caridad unos hacia otros. Si lo hacemos, tendremos la oportunidad de vivir el Evangelio ante un mundo que nos observa y de hacer florecer las alianzas.
La tarea de hacer discípulos de todas las naciones es desalentadora. Afortunadamente, Dios no nos ha dejado solos, ni ha dejado esta tarea en manos de unos pocos elegidos. La tarea misionera pertenece a todos los seguidores de Cristo. Algunos serán enviados como misioneros, mientras que otros permanecerán en las iglesias locales para hacer discípulos en sus comunidades y colaborar con los que vayan. Que sigamos viendo a Dios moverse poderosamente mientras Su pueblo se asocia de forma saludable.